¿Cuántas veces lo haces? Sí, ¿Cuántas veces te tomas una pausa? ¡Para! ¡Detente! Toma un respiro... otro respiro, pero más profundo... Hoy es viernes y como yo, muchos estamos cansados, estamos mamados, ha sido una semana muy larga, o eso creía el miércoles, pero hoy ya es viernes. Ya casi es hora de dormir y todavía tengo cosas pendientes para hacer, pero estaba tan cansada que solo quería llegar, poner la maleta a un lado y acostarme sobre mi cama, sentir que mi espalda estaba sobre mi colchón, su sitio sagrado, donde descanso, donde duermo, donde sueño, donde a veces después de una semana me tomo una pausa, tomo aire, luego una vez más tomo aire, respiro y pienso.
Son ese tipo de pensamientos en los que uno habla con uno mismo y empieza a maquinar. Cierras tus ojos, está todo oscuro pero en realidad lo estás visualizando todo... los ronquidos de mi mamá en el cuarto del lado, hacen que a veces pierda la concentración, pero ahí mismo pienso "menos mal no me senté a hablar con ella, no me habría puesto ni pizca de atención, yo tengo mis problemas, ella los de ella: su trabajo." Continúo pensando, ¿Qué me pasa? ¿Qué estoy haciendo por mi vida, en mi vida? ¿Para dónde voy? ... es que hay una respuesta y está ahí en lo profundo de mis pensamientos... lo visualizo todo, sé qué hice toda la semana, que quería y qué no, cuándo la cagué y cuándo me hicieron sentir mal... a veces son más comunes esas veces. Abro los ojos, veo el corcho que está pegado en la puerta de mi closet, hay fotos de mis amigos... sí ellos, mis amigos me hicieron sentir mal, pero también me hicieron reír, a otros en cambio, hace mucho tiempo no los veo, dejamos de hablarnos. Dicen que soy una perdida, que cada uno siguió en su vida por el camino que quería, pero que yo definitivamente los aparté de la mía. Entonces pienso que sí, muchos me hacen mucha falta y seguramente si fuera otro momento de mi vida, no estaría acá escribiendo, estaría hablando por teléfono y no hubiera hecho la pausa para pensar, parar y continuar. Estoy mamada, quiero descansar... pero para mañana tengo que hacer otro par de cosas y tengo que hacerlas no por que me toque, en realidad me gusta mucho, pero el cansancio me gana... Y ¿soy feliz? no, hoy no estoy feliz, tampoco estoy triste... estoy en un estado neutro. Hago lo que me gusta, estudio lo que me gusta, pero a veces siento que falta algo y también puede ser que me sobre algo y no sé qué es... ¿qué será? Abro mis ojos, mi mamá sigue roncando y yo quiero seguir pensando. Abro la maleta, busco mi iPod, lo enciendo y pongo la canción que tanto me gusta en estos días, estoy mi casa, estoy en mi cama, tengo comida y mañana será otro día.
viernes, 9 de septiembre de 2011
martes, 6 de septiembre de 2011
De La Santa María al Templete de Bolívar
De
La Santa María al Templete de Bolívar
La experiencia de este
recorrido comienza con un delicioso olor a pan fresco, de la Panadería Santa
María ubicada en las mismas torres del Parque. Allí era el punto de encuentro
con el grupo, en donde también tomaríamos
desayuno, el cual sería el soporte para este recorrido, que para mí fue
bastante interesante. Mientras comíamos le dábamos tiempo al resto para llegar.
Cuando el grupo estuvo
completo y después de comer, salimos. Sinceramente yo no sabía de Salmona, ni
de cómo trabaja. He pasado varias veces por ahí, por la 5 con 27 y realmente ni
me había cuestionado por estas torres. Pero después de recorrerlas y
observarlas, es diferente. Y darse cuenta como esta todo pensado, como trabaja
con los ladrillos, las sombras, la forma como radial, los balcones… las torres son
muy bonitas, además grandísimas. Y es ahí cuando uno se da cuenta que poco
observador es.
Seguimos caminando por el
parque de la independencia, pasando muy cerca a la plaza de toros. Esta vez era
diferente pues uno va en plan de observar, de aprender, de enterarse de lo que
sucedía en aquellos tiempos, uno no atraviesa el parque pensando en que va
tarde, o en qué bus coger, o esas cosas que son las que uno sea tan poco
observador.
Llegamos al quiosco de la
luz. Allí nos enteramos de su historia, pero además me dejó con la inquietud de
qué harán cuando sea el ¿Bicentenario de la Independencia? tal vez, o tratar de
imaginarse cómo fue esa época, cómo eran las otras estructuras. Ahí a menos de
10 metros: la calle 26. Me pareció interesante saber que era construida para
que la ciudad no sólo se extendiera de sur a norte. Y traté de imaginarme como
el parque fue atravesado por esta misma, pero unido por un peatonal que nos
lleva a la Biblioteca Nacional fundada en los años 30. Le dimos la vuelta, por
la calle 22.
Seguimos caminando, por la
carrera 7 hacia el sur. Allí se siente el ambiente diferente, pasar del parque
a la carrera, en donde no sólo son carros que pasan y pasan, si no personas que
llevan un ritmo para caminar y que uno como transeúnte termina llevando. Se
podrían comparar con los carros, máquinas con un destino fijo pensando por
donde caminar para agilizar, pero sin observar a menos que algo fuera de lo
normal te haga dejar de pensar en lo que estas pensando.
Nos detuvimos una vez más
en otra panadería reconocida, me parece chévere tener estos sitios como
referencias para una próxima salida. Luego si, llegamos a la Plaza de las
Nieves. Pienso que dejamos de ver las cosas como son, por un lado por no
observar, pero por otro debido a la misma “congestión”. Es decir, mucha gente
ni se fija en la plaza por que cuando va pasando por allí los mismos vendedores
que de una u otra forma espantan. Sin necesidad de fijar tu mirada en plaza, y
ya has escuchado alguna oferta de alguna, que llevas escuchando varias cuadras
atrás, que ni miras al señor, ni miras la plaza y ya sigues derecho. Pero es
cuestión de ir en plan observador. Así mismo observamos al General Santander,
que parece que caminara pensativo, pero a la vez detrás de su pierna izquierda hay como un globo terráqueo. Con una gran
chaqueta. Rápidamente medio hicimos como un boceto de él, mientras otros
estaban preocupados por la hora de llegada.
Y volvimos a la corriente
de personas, caminando entre ellas… hasta llegar a la Iglesia de San Francisco,
pero antes estuvimos visitando al viejo Caldas que comparado con Santander esta
como más abierto, además receptivo. Además tiene la frente en alto, el General
Santander no. Pero a raíz de estar como pensando.
Luego pasamos la calle,
entramos a la Iglesia de San Francisco. Nos dijeron que había algo diferente,
como que no era acorde a todo. Obvio, cuando entramos nos fijamos un poco más
en las cosas, en los detalles. Pero realmente tuve que preguntar, pues no me
fije en los vitrales. Me fije en la iluminación desde atrás se ve un contraste,
todo iluminado dorado, en las imágenes, algunas ya opacas por los años. El
estilo de las diferentes obras en las paredes, todas parecidas.
Salimos, y seguimos
caminando hacia el templete Bolívar donde finalizaba el recorrido. Pasamos por
las aguas, donde dicen, algunos gamines se bañan. La construcción de este eje
ambiental: una vez más Salmona interviene este proyecto que fue pensado mas
para recuperar el espacio público. Acompañado de Luis Kopec, logran este gran
paso peatonal, además del transmilenio que también transita por estos lados. Y
evidentemente la canalización del río San Francisco, que atraviesa todo el
sendero, que también tiene una trabajo maravilloso con ladrillos.
Y finalmente observamos y
nos sentamos muy cerca al templete de Bolivar, que para muchos era en ese
instante sinónimo de alivio, descanso. Para mí significó el fin de un recorrido
en donde aprendí un poco mas de esta ciudad que tiene tantas cosas
interesantes, pero que muy pocos conoces y se interesan por ello.
martes, 18 de enero de 2011
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