De
La Santa María al Templete de Bolívar
La experiencia de este
recorrido comienza con un delicioso olor a pan fresco, de la Panadería Santa
María ubicada en las mismas torres del Parque. Allí era el punto de encuentro
con el grupo, en donde también tomaríamos
desayuno, el cual sería el soporte para este recorrido, que para mí fue
bastante interesante. Mientras comíamos le dábamos tiempo al resto para llegar.
Cuando el grupo estuvo
completo y después de comer, salimos. Sinceramente yo no sabía de Salmona, ni
de cómo trabaja. He pasado varias veces por ahí, por la 5 con 27 y realmente ni
me había cuestionado por estas torres. Pero después de recorrerlas y
observarlas, es diferente. Y darse cuenta como esta todo pensado, como trabaja
con los ladrillos, las sombras, la forma como radial, los balcones… las torres son
muy bonitas, además grandísimas. Y es ahí cuando uno se da cuenta que poco
observador es.
Seguimos caminando por el
parque de la independencia, pasando muy cerca a la plaza de toros. Esta vez era
diferente pues uno va en plan de observar, de aprender, de enterarse de lo que
sucedía en aquellos tiempos, uno no atraviesa el parque pensando en que va
tarde, o en qué bus coger, o esas cosas que son las que uno sea tan poco
observador.
Llegamos al quiosco de la
luz. Allí nos enteramos de su historia, pero además me dejó con la inquietud de
qué harán cuando sea el ¿Bicentenario de la Independencia? tal vez, o tratar de
imaginarse cómo fue esa época, cómo eran las otras estructuras. Ahí a menos de
10 metros: la calle 26. Me pareció interesante saber que era construida para
que la ciudad no sólo se extendiera de sur a norte. Y traté de imaginarme como
el parque fue atravesado por esta misma, pero unido por un peatonal que nos
lleva a la Biblioteca Nacional fundada en los años 30. Le dimos la vuelta, por
la calle 22.
Seguimos caminando, por la
carrera 7 hacia el sur. Allí se siente el ambiente diferente, pasar del parque
a la carrera, en donde no sólo son carros que pasan y pasan, si no personas que
llevan un ritmo para caminar y que uno como transeúnte termina llevando. Se
podrían comparar con los carros, máquinas con un destino fijo pensando por
donde caminar para agilizar, pero sin observar a menos que algo fuera de lo
normal te haga dejar de pensar en lo que estas pensando.
Nos detuvimos una vez más
en otra panadería reconocida, me parece chévere tener estos sitios como
referencias para una próxima salida. Luego si, llegamos a la Plaza de las
Nieves. Pienso que dejamos de ver las cosas como son, por un lado por no
observar, pero por otro debido a la misma “congestión”. Es decir, mucha gente
ni se fija en la plaza por que cuando va pasando por allí los mismos vendedores
que de una u otra forma espantan. Sin necesidad de fijar tu mirada en plaza, y
ya has escuchado alguna oferta de alguna, que llevas escuchando varias cuadras
atrás, que ni miras al señor, ni miras la plaza y ya sigues derecho. Pero es
cuestión de ir en plan observador. Así mismo observamos al General Santander,
que parece que caminara pensativo, pero a la vez detrás de su pierna izquierda hay como un globo terráqueo. Con una gran
chaqueta. Rápidamente medio hicimos como un boceto de él, mientras otros
estaban preocupados por la hora de llegada.
Y volvimos a la corriente
de personas, caminando entre ellas… hasta llegar a la Iglesia de San Francisco,
pero antes estuvimos visitando al viejo Caldas que comparado con Santander esta
como más abierto, además receptivo. Además tiene la frente en alto, el General
Santander no. Pero a raíz de estar como pensando.
Luego pasamos la calle,
entramos a la Iglesia de San Francisco. Nos dijeron que había algo diferente,
como que no era acorde a todo. Obvio, cuando entramos nos fijamos un poco más
en las cosas, en los detalles. Pero realmente tuve que preguntar, pues no me
fije en los vitrales. Me fije en la iluminación desde atrás se ve un contraste,
todo iluminado dorado, en las imágenes, algunas ya opacas por los años. El
estilo de las diferentes obras en las paredes, todas parecidas.
Salimos, y seguimos
caminando hacia el templete Bolívar donde finalizaba el recorrido. Pasamos por
las aguas, donde dicen, algunos gamines se bañan. La construcción de este eje
ambiental: una vez más Salmona interviene este proyecto que fue pensado mas
para recuperar el espacio público. Acompañado de Luis Kopec, logran este gran
paso peatonal, además del transmilenio que también transita por estos lados. Y
evidentemente la canalización del río San Francisco, que atraviesa todo el
sendero, que también tiene una trabajo maravilloso con ladrillos.
Y finalmente observamos y
nos sentamos muy cerca al templete de Bolivar, que para muchos era en ese
instante sinónimo de alivio, descanso. Para mí significó el fin de un recorrido
en donde aprendí un poco mas de esta ciudad que tiene tantas cosas
interesantes, pero que muy pocos conoces y se interesan por ello.
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