viernes, 9 de septiembre de 2011

Tómate una pausa

¿Cuántas veces lo haces? Sí, ¿Cuántas veces te tomas una pausa? ¡Para! ¡Detente! Toma un respiro... otro respiro, pero más profundo... Hoy es viernes y como yo, muchos estamos cansados, estamos mamados, ha sido una semana muy larga, o eso creía el miércoles, pero hoy ya es viernes. Ya casi es hora de dormir y todavía tengo cosas pendientes para hacer, pero estaba tan cansada que solo quería llegar, poner la maleta a un lado y acostarme sobre mi cama, sentir que mi espalda estaba sobre mi colchón, su sitio sagrado, donde descanso, donde duermo, donde sueño, donde a veces después de una semana me tomo una pausa, tomo aire, luego una vez más tomo aire, respiro y pienso.
Son ese tipo de pensamientos en los que uno habla con uno mismo y empieza a maquinar. Cierras tus ojos, está todo oscuro pero en realidad lo estás visualizando todo...  los ronquidos de mi mamá en el cuarto del lado, hacen que a veces pierda la concentración, pero ahí mismo pienso "menos mal no me senté a hablar con ella, no me habría puesto ni pizca de atención, yo tengo mis problemas, ella los de ella: su trabajo." Continúo pensando, ¿Qué me pasa? ¿Qué estoy haciendo por mi vida, en mi vida? ¿Para dónde voy? ...  es que hay una respuesta y está ahí en lo profundo de mis pensamientos... lo visualizo todo, sé qué hice toda la semana, que quería y qué no, cuándo la cagué y cuándo me hicieron sentir mal... a veces son más comunes esas veces. Abro los ojos, veo el corcho que está pegado en la puerta de mi closet, hay fotos de mis amigos... sí ellos, mis amigos me hicieron sentir mal, pero también me hicieron reír, a otros en cambio, hace mucho tiempo no los veo, dejamos de hablarnos. Dicen que soy una perdida, que cada uno siguió en su vida por el camino que quería, pero que yo definitivamente los aparté de la mía. Entonces pienso que sí, muchos me hacen mucha falta y seguramente si fuera otro momento de mi vida, no estaría acá escribiendo, estaría hablando por teléfono y no hubiera hecho la pausa para pensar, parar y continuar. Estoy mamada, quiero descansar... pero para mañana tengo que hacer otro par de cosas y tengo que hacerlas no por que me toque, en realidad me gusta mucho, pero el cansancio me gana... Y ¿soy feliz? no, hoy no estoy feliz, tampoco estoy triste... estoy en un estado neutro. Hago lo que me gusta, estudio lo que me gusta, pero a veces siento que falta algo y también puede ser que me sobre algo y no sé qué es... ¿qué será? Abro mis ojos, mi mamá sigue roncando y yo quiero seguir pensando. Abro la maleta, busco mi iPod, lo enciendo y pongo la canción que tanto me gusta en estos días, estoy mi casa, estoy en mi cama, tengo comida y mañana será otro día.

martes, 6 de septiembre de 2011

De La Santa María al Templete de Bolívar


De La Santa María al Templete de Bolívar


La experiencia de este recorrido comienza con un delicioso olor a pan fresco, de la Panadería Santa María ubicada en las mismas torres del Parque. Allí era el punto de encuentro con el grupo, en donde también  tomaríamos desayuno, el cual sería el soporte para este recorrido, que para mí fue bastante interesante. Mientras comíamos le dábamos tiempo al resto para llegar.

Cuando el grupo estuvo completo y después de comer, salimos. Sinceramente yo no sabía de Salmona, ni de cómo trabaja. He pasado varias veces por ahí, por la 5 con 27 y realmente ni me había cuestionado por estas torres. Pero después de recorrerlas y observarlas, es diferente. Y darse cuenta como esta todo pensado, como trabaja con los ladrillos, las sombras, la forma como radial, los balcones… las torres son muy bonitas, además grandísimas. Y es ahí cuando uno se da cuenta que poco observador es.

Seguimos caminando por el parque de la independencia, pasando muy cerca a la plaza de toros. Esta vez era diferente pues uno va en plan de observar, de aprender, de enterarse de lo que sucedía en aquellos tiempos, uno no atraviesa el parque pensando en que va tarde, o en qué bus coger, o esas cosas que son las que uno sea tan poco observador.

Llegamos al quiosco de la luz. Allí nos enteramos de su historia, pero además me dejó con la inquietud de qué harán cuando sea el ¿Bicentenario de la Independencia? tal vez, o tratar de imaginarse cómo fue esa época, cómo eran las otras estructuras. Ahí a menos de 10 metros: la calle 26. Me pareció interesante saber que era construida para que la ciudad no sólo se extendiera de sur a norte. Y traté de imaginarme como el parque fue atravesado por esta misma, pero unido por un peatonal que nos lleva a la Biblioteca Nacional fundada en los años 30. Le dimos la vuelta, por la calle 22.

Seguimos caminando, por la carrera 7 hacia el sur. Allí se siente el ambiente diferente, pasar del parque a la carrera, en donde no sólo son carros que pasan y pasan, si no personas que llevan un ritmo para caminar y que uno como transeúnte termina llevando. Se podrían comparar con los carros, máquinas con un destino fijo pensando por donde caminar para agilizar, pero sin observar a menos que algo fuera de lo normal te haga dejar de pensar en lo que estas pensando.

Nos detuvimos una vez más en otra panadería reconocida, me parece chévere tener estos sitios como referencias para una próxima salida. Luego si, llegamos a la Plaza de las Nieves. Pienso que dejamos de ver las cosas como son, por un lado por no observar, pero por otro debido a la misma “congestión”. Es decir, mucha gente ni se fija en la plaza por que cuando va pasando por allí los mismos vendedores que de una u otra forma espantan. Sin necesidad de fijar tu mirada en plaza, y ya has escuchado alguna oferta de alguna, que llevas escuchando varias cuadras atrás, que ni miras al señor, ni miras la plaza y ya sigues derecho. Pero es cuestión de ir en plan observador. Así mismo observamos al General Santander, que parece que caminara pensativo, pero a la vez detrás de su pierna izquierda  hay como un globo terráqueo. Con una gran chaqueta. Rápidamente medio hicimos como un boceto de él, mientras otros estaban preocupados por la hora de llegada.

Y volvimos a la corriente de personas, caminando entre ellas… hasta llegar a la Iglesia de San Francisco, pero antes estuvimos visitando al viejo Caldas que comparado con Santander esta como más abierto, además receptivo. Además tiene la frente en alto, el General Santander no. Pero a raíz de estar como pensando.

Luego pasamos la calle, entramos a la Iglesia de San Francisco. Nos dijeron que había algo diferente, como que no era acorde a todo. Obvio, cuando entramos nos fijamos un poco más en las cosas, en los detalles. Pero realmente tuve que preguntar, pues no me fije en los vitrales. Me fije en la iluminación desde atrás se ve un contraste, todo iluminado dorado, en las imágenes, algunas ya opacas por los años. El estilo de las diferentes obras en las paredes, todas parecidas.

Salimos, y seguimos caminando hacia el templete Bolívar donde finalizaba el recorrido. Pasamos por las aguas, donde dicen, algunos gamines se bañan. La construcción de este eje ambiental: una vez más Salmona interviene este proyecto que fue pensado mas para recuperar el espacio público. Acompañado de Luis Kopec, logran este gran paso peatonal, además del transmilenio que también transita por estos lados. Y evidentemente la canalización del río San Francisco, que atraviesa todo el sendero, que también tiene una trabajo maravilloso con ladrillos.

Y finalmente observamos y nos sentamos muy cerca al templete de Bolivar, que para muchos era en ese instante sinónimo de alivio, descanso. Para mí significó el fin de un recorrido en donde aprendí un poco mas de esta ciudad que tiene tantas cosas interesantes, pero que muy pocos conoces y se interesan por ello.